La estabilidad geopolítica y económica mundial se vio sacudida tras el reinicio de los enfrentamientos armados en la región de Medio Oriente, interrumpiendo un breve período de calma relativa. Irán llevó a cabo el lanzamiento de misiles balísticos dirigidos hacia bases que albergan presencia militar estadounidense en Jordania. El gobierno de Teherán justificó la agresión como una respuesta a supuestas amenazas y acciones ilegales por parte de Estados Unidos, sin que se reportaran víctimas iniciales por este ataque.
Como contraofensiva, las fuerzas militares de Estados Unidos, en coordinación con el gobierno de Arabia Saudita, desplegaron ataques aéreos coordinados contra múltiples centros logísticos y almacenes de armamento de milicias aliadas a Irán en el este de Irak. El Comando Central de los Estados Unidos confirmó la realización de más de 30 ataques con drones en las últimas horas, los cuales causaron al menos 20 muertes y dejaron a 32 personas heridas.
Esta nueva escalada del conflicto coincidió con la reunión sostenida entre el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y el expresidente estadounidense Donald Trump, un encuentro calificado como exitoso por el mandatario israelí, quien reafirmó el compromiso mutuo de impedir que el régimen de Teherán desarrolle armas nucleares.
En el ámbito económico, los precios internacionales del petróleo reaccionaron con un alza de entre el 7% y el 8%. El barril de crudo Brent superó los 91 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) alcanzó los 85 dólares ante el temor de una posible interrupción del tránsito comercial en el estrecho de Ormuz. Esta volatilidad generó caídas generalizadas en las bolsas de valores globales, registrándose la mayor pérdida en el mercado asiático, donde el índice de referencia Kospi de Corea del Sur cayó un 6%.







