La Fiscalía General de la República (FGR) presentó una serie de audios que exponen los meticulosos métodos de vigilancia y ejecución empleados por la estructura criminal MS-13. Las evidencias revelan que la pandilla realizaba un seguimiento exhaustivo de sus objetivos, documentando rutinas diarias, días de descanso y características físicas, además de compartir fotografías para garantizar la efectividad de los ataques.
Uno de los registros auditivos detalla cómo los pandilleros postergaron el asesinato de un custodio del Centro Penal de Ciudad Barrios. En esa ocasión, el ataque fue cancelado debido a que el objetivo se encontraba acompañado por su familia al momento de ser interceptado, lo que refleja la planificación deliberada de sus operaciones.
Asimismo, las pruebas presentadas demuestran la jerarquía y el control total de la organización sobre sus miembros. Según los audios, los ejecutores no tenían autonomía para actuar; tras privar de libertad a una víctima, debían esperar la confirmación explícita de la «ranfla» (máxima jefatura) para proceder con el homicidio. Esta evidencia técnica es fundamental para el proceso judicial, ya que vincula directamente a los cabecillas procesados con la responsabilidad de los crímenes cometidos en el territorio.









