La tensión geopolítica en el Medio Oriente incrementó tras la declaración de la Guardia Revolucionaria de Irán, la cual ratificó que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado al tránsito marítimo de forma indefinida. La administración de Teherán exige como condición innegociable para la reapertura que Estados Unidos cumpla en su totalidad con los acuerdos bilaterales de junio, que contemplan el cese de bombardeos contra embarcaciones iraníes, el levantamiento de las sanciones petroleras y compensaciones económicas por los perjuicios causados en el conflicto.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmaeil Baghaei, enfatizó la postura defensiva de su país, señalando que mientras persista el bloqueo naval norteamericano y otras transgresiones, no habrá condiciones aptas para declarar la vía como segura. En el contexto de estas fricciones, Mohsen Rezaee, excomandante militar, asumió el cargo de secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, entidad clave en el diseño de las políticas defensivas de la nación islámica. Paralelamente, en la misma región, el primer ministro de Israel descartó una propuesta de la Casa Blanca enfocada en el desarme de la organización Hamás en la Franja de Gaza.
Las repercusiones económicas del bloqueo no se hicieron esperar en el mercado energético internacional. El valor del crudo de referencia Brent registró un alza cercana al 3% situándose en 86 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate experimentó un incremento del 3.2%, equivalente a una variación de entre 2 y 2.5 dólares. Por su parte, la administración estadounidense liderada por el presidente Donald Trump informó que continúan las gestiones por canales diplomáticos para resolver la disputa naviera.







